La Profesora se enamoró de su alumno. Rabec es su "Lolita", un amor con una pasión que parece irrefrenable hasta que se topa con los miedos y la moral de esta treinteañera y la sociedad que la rodea.

"Dos opciones: una de telenovela mexicana y otra de putita intelectual. O la calma de vivir al lado de alguien o ¨que sea lo que dios quiera¨", así escribe Enzo Maqueira "Electrónica", publicada por Interzona. Una trama que se desarrolla rápida, natural y de manera crítica.

Washington Cucurto señaló que la ficción de Maqueira "es la gran novela de la clase media argentina semi culta y universitaria", y dio en el clavo sobre el mundo en el que se mueven los personajes y la trama. Por que "Electrónica" es Buenos Aires, "Electrónica" es Maqueira y sus amigos llevados al plano de la ficción, "Electrónica" es el presente de los que vivieron su infancia, adolescencia y juventud en democracia, menemismo, kirchnerismo y que transitan entre los mundos más cerrados y más abiertos de la religión, las drogas, el sexo, los valores y los deseos.

El autor narra con voces femeninas, y lo logra, aunque nos trae un universo que le escapa claramente al mero género metido entre las piernas. Dialogamos con Maqueira sobre la novela y su próxima presentación el martes 16 de septiembre.

- ¿Por qué elegiste narrar "Electrónica" a partir de las voces de mujeres?

Enzo Maqueira (EZ)- ¿La historia oficial o invento una? (risas)  Decidí que fuera una mujer porque quería dejar testimonio de los tiempos que estamos viviendo, donde las mujeres –y toda la sociedad- están dando quizás la última gran batalla por la igualdad de género, donde tenemos una presidente mujer, y porque yo pasé un proceso de "desmachizarme". Yo era machista sin saberlo, como muchos otros hombres y muchas mujeres, y me fui dando cuenta lentamente de eso. No quería contar la típica historia de un hombre mayor con una nena, quería aportar mi testimonio y mi grano de arena a la igualdad de género y narrar algo muy de  estos tiempos: una profesora universitaria que se engancha con su alumno. Cualquiera habla y se jacta de la historia del cuarentón con la pendeja de veinte, pero cuando es al revés la sociedad lo sigue ocultando. Quise salir de la mirada masculina sobre lo que está bien y lo que no está bien en una relación, sin juzgar a la mujer sino empatizando con ella, poniéndome en el lugar que nos iguala a todos: el sufrimiento por amor. Explorar el amor desde el punto de vista de una mujer, con mi carga de amores frustrados y mis propias historias que no fueron.

- Uno puede percibir esa historia personal tuya en "Electrónica", hay una cuestión generacional, de ciertos temas, música, lenguaje que se pueden ir descubriendo en la lectura.

EZ- ¿Para qué iba a escribir sobre un tipo con una pendeja si en el tiempo que yo vivo hay mucho más que eso? Hoy las mujeres salen con chicos más jóvenes y está todo bien; y las drogas son parte de nuestra vida cotidiana y no sabemos por qué lo hacemos pero nadie se lo pregunta ni se vive como una enfermedad... por lo menos en el tiempo y el lugar en que yo vivo, porque hay que decir que esta novela transcurre en una Buenos Aires muy segmentada, muy cool y progre, típica de cierta clase social.

- Igual es un riesgo esto de narrar un puro presente, muchos escriben de manera más atemporal a nivel trama, lenguaje ¿No pensaste que dejabas afuera a determinado público lector?

EZ- A mí me aburren mucho las novelas atemporales; yo me formé en periodismo, siempre con un pie en la realidad.  Primero observo y pienso lo que tengo alrededor; me cuesta mucho pensar en una historia atemporal. Me encantaría pero no puedo. Parto de la realidad como periodista y después empieza el trabajo del escritor, que tiene que ver con deformar esa realidad, con reconstruirla y explorarla más allá de sus límites. Y, por otro lado, no tiene sentido pensar en sacar una u otra palabra para abarcar una porción mayor del mercado, porque el mercado, en literatura, no existe.

- ¿Por qué decís que el mercado no existe?

EZ- Porque es muy chiquito. No escribís libros para ganar plata, para ganar fama mucho menos. Yo quería escribir algo que me dejara contento a mí y que dejara claro que nuestro tiempo es diferente, que hay un fin de época. Escribí otros libros que por ahí estaban pensados en tener éxito u otra cosa. La idea era reencontrarme con el escritor artista, más que con el intelectual que dicta cátedra o el mercenario que sólo escribe para el mercado. Pensar como artista. ¿Qué me pasa a mí con este nuevo mundo?; ¿Cómo proceso el nuevo lugar que tenemos los hombres y que tienen las mujeres? Por ejemplo, Gonzalo (la pareja del personaje principal de la profesora) es un cero a la izquierda incapaz de darse cuenta de nada. ¿Qué me pasa con la homosexualidad, la pan-sexualidad, el SIDA, el consumo de drogas…? Quería preguntarme y al mismo tiempo naturalizar los temas que caracterizan.

- Pero si bien es tu presente, también uno puede intuir que están el presente y las historias de tus amigos, confidencias que hacen que la historia gane en verosimilitud....

EZ- Trabajo a partir de una realidad que se va deformando. Armo un mosaico que va adquiriendo cada vez mayor independencia hasta que el relato aparece como una construcción completamente nueva cuyo material es lo real. Y ese paso de la realidad a la ficción termina por pintar un cuadro generacional. Igual, cuando me decías esto de si dejaba afuera a cierto público, mi viejo que tiene más de 70 me dijo: "esta es la novela que más me gusta de las que escribiste".  Es como nosotros ahora leemos  novelas de la generación de los 60 y 70 nos asomamos a otro mundo. La idea fue hacer un documental de época y que después cada lector saque sus propias conclusiones. Creo que estamos en un momento muy rico en materia de libertad e igualdad, pero al mismo tiempo las personas seguimos sufriendo por amor como sufre Madame Bovary en el siglo XIX. Eso vuelve a la historia de "Electrónica" algo contemporáneo pero atemporal al mismo tiempo. Por un lado está toda la ebullición de las fiestas, la búsqueda de la felicidad y la juventud eterna, pero también la frustración amorosa, que parece ser siempre la misma.

- Coincido con que es una frustración recurrente lo del amor pero también es algo que se sigue buscando...

EZ- Claro, ahí hay una contradicción que pone en juego el personaje de la profesora, una marca generacional. Estamos en el medio del modelo típico de nuestros viejos de lo tradicional de formar una familia y todo lo nuevo, lo mucho más abierto, la familia incierta. La profesora (personaje principal) tiene esos treinta y pico de años de edad donde se mezcla lo tradicional y lo antiguo. Nuestra generación se quedó boyando con la década del 90, nos comimos todo el neoliberalismo y ahora resulta que estamos en otra cosa. Tuvimos la suerte de haber transitado nuestra infancia sin internet y aprender a usarla, la suerte de crecer con los chistes machistas de Olmedo y después entender por qué y cuánto denigraban a la mujer. Las generaciones nuevas nacieron con otros consumos y nosotros quedamos en el medio. Nacimos entre dos modelos de país, la religión y la no religión; ahora todos son agnósticos o ateos... Y ahora se viene la moda vegetariana, que nos va a plantear cambios también en nuestra forma de alimentarnos. Lo que le pasa a la profesora en la novela es que entiende que está en el medio de dos paradigmas, y enamorarse de un pendejo es entrar en un tercer paradigma que le plantea más desafíos.

- Dijiste en una entrevista reciente que tu mejor defecto es hablar demasiado pero ¿también escribís demasiado? Te lo pregunto en tu rol de escritor y editor.

EZ- Disfruto mucho de editar, pero sobre todo cuando lo hago sobre mis textos. Escribo rápido y después corrijo, reescribo, voy y vengo varias veces por el texto. Yo no creo que escriba mucho, aunque me digan que soy prolífico. Trato de no publicar tanto. Publiqué "Ruda Macho" y al año siguiente "El impostor" y me di cuenta que tendría que haber esperado. Es otro signo de época: la ansiedad, el apuro por ser escritor antes de tener una obra escrita; algunos escritores jóvenes publican hasta tres libros por año… Está buenísimo escribir mucho, pero la publicación no puede ser compulsiva. Hay que dejar que los textos maduren, porque mientras el texto madura también lo hace el autor.

- Sos muy duro con tu escritura...

EZ- Sí, suelo ser muy exigente. Incluso con "Electrónica", cuando tuve que entregar la versión final en la editorial, cambié mucho. No puedo parar de corregir. Eso es algo que aprendí en el taller de Liliana Hecker, que insiste mucho con la artesanía del texto, palabra por palabra, frase por frase, buscando la mejor opción en cada caso. La idea es que quede perfecto en términos de unidad. Por ejemplo, (Sebastián) Pandolfelli hace poco me dijo que el único error de "Electrónica" era que había escrito “lolas” en lugar de “tetas”. Y me quedé pensando horas en si tenía razón o no.

- La música y el cine son dos facetas muy presentes en la novela. La música es más general, pero las menciones de películas apuntan más a lo autobiográfico ¿no?

EZ- Hay algo de homenaje también a un modo de vincularse con la cultura por parte de un segmento de la sociedad que hoy se llaman “hipsters”, a falta de nombre mejor y con la necesidad burguesa de etiquetarlo todo. Lo de la música fue un poco despedirme de una época. Cuando pensás en los veranos de la pubertad pensás en "Tratar de estar mejor" de Diego Torres; la música es la gran compañera de nuestras etapas. Tuve un primer amor que me grabó música en un casette al que le había puesto como título: "Best songs for the best man"… Ahí había otra música que también acompañó una etapa de mi vida. En esta novela quería mostrar la influencia de la música electrónica de los últimos 20 años, una movida que en cierto sentido recupera los valores que en su momento tuvo el rock: la libertad, el amor libre, la rebeldía… y el consumo. Quizás es la única gran diferencia entre el rock de los años sesenta y setenta y la electrónica de hoy: que ya no quedan dudas de que las marcas auspician tu libertad, tu rebeldía y tu amor libre. Con respecto al cine, para mí es una gran inspiración; sobre todo cierto cine que no pasa por las salas masivas y que se reduce a un círculo de jóvenes snobs que hoy, sí, se conocen como “hipsters”.

- Otro tema son las drogas... ¿hay mucho gonzo journalism?

EZ- (risas) En algún momento de mi vida necesité ampliar la conciencia y buscar un “más allá” que encontré en el camino de los excesos, como decía William Blake. Y tuve la suerte, la contención familiar y supongo que la autoestima lo suficientemente fuerte como para que las drogas no se apoderaran de mí. Viví encerrado en la ciudad, entre cuatro paredes, en un barrio más, en un departamento como millones de otros, y las drogas me dieron las aventuras que no pude vivir en la realidad. En un momento me hice psiconauta, consumía plantas sagradas y creía en las enseñanzas de Castaneda… Empecé a probar cosas... a los veintipico no tenía miedo de nada. Después vino el miedo a morir y eso se llevo puesto todo, empezando por la experimentación con drogas. Toda la nostalgia del libro está ahí, en la pérdida de ese último espacio de fantasía que prometían las drogas.

- Pero para vos ¿Todo tiempo pasado fue mejor?

EZ- No. Pero soltar el pasado siempre duele, sobre todo cuando fue un pasado feliz, por más que esa felicidad haya sido, en gran parte, producto de alucinaciones o imágenes que nunca existieron. La profesora se despide de un pasado glorioso al mismo tiempo que descubre que nada era tan real como parecía.

 

"Electrónica" promete un ritmo que se cumple. Los beats de la música, la trama y los personajes se suceden como en una gran rave. Hay momentos de locura, desenfreno pero también las pausas para la reflexión y la contemplación de aquello que nos atraviesa: amigos, trabajo, educación, miedos y al final de cuentas seguir buscando algo que se parezca al amor.

 

Electrónica - Enzo Maqueira

Interzona, 2014 128 pp.

 

Presentación 16 de Septiembre de 2014

 



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